LIBIDO
El vocablo libido viene del latín libido y normalmente se
define como deseo sexual. En la medida en que los seres humanos somos animales,
todos tenemos libido. A pesar de ello, la tradición cristiana y los valores
sociales imperantes a lo largo de la historia han hecho que el deseo sexual sea
considerado en ocasiones como algo pecaminoso y sucio. En este sentido, hay que
recordar que la lujuria es uno de los siete pecados capitales y los conceptos
de lujuria y libido expresan una misma idea, la apetencia sexual.
La libido desde el punto de vista del psicoanálisis
El psicoanálisis como corriente de la psicología otorgó un
protagonismo relevante a la sexualidad humana. Tanto Freud como las distintas
tradiciones psicoanalíticas han considerado que el deseo sexual es un aspecto
esencial en la personalidad, en la explicación de los roles sociales y en la
vida social en general. Freud define la libido como energía pulsional, una
energía que condiciona no solamente la sexualidad sino también las relaciones
amorosas y, en consecuencia, la institución del matrimonio o las relaciones
paterno-filiales.
Según Freud la libido puede ser desexualizada a través de
las normas sociales (lo que también es conocido como súper yo). Esto implica
que en una sociedad en la que haya una fuerte represión sexual es muy probable
que la libido se canalice a través de otras manifestaciones (esto es lo que
ocurre con la sublimación como mecanismo de defensa).
La libido en la historia
El deseo sexual en el hombre de la prehistoria no estaba
dominado por reglas morales o religiosas, pero en las sociedades primitivas ya
se introdujeron ciertos límites a la sexualidad (el más importante es el tabú
del incesto).
Mientras en occidente el deseo sexual ha estado asociado a
conductas desviadas, en oriente la sexualidad se ha vivido con mayor
naturalidad; prueba de ello es el tantrismo hinduista o budista o el Kama-Sutra
de la tradición hindú.

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